Historia 2

Lo que exponemos aquí quiere ser la esencia de la historia de Antonio Concha y de la Fundación que lleva su nombre.
Antonio Concha, político, hombre comprometido como pocos con el tiempo que le tocó vivir, fue la imagen viva de la renovación, el deseo permanente de avanzar, no en solitario, sino como ser social y como tal empujando solidariamente a la sociedad y sus miembros a un modelo de vida más justo y equilibrado.
Liberal, progresista y finalmente republicano, Antonio Concha sintió una especial inquietud por los temas relacionados con la educación y los modelos educativos de su tiempo. Consciente de que sólo a través de la educación se libera a los hombres y mujeres, quiso de forma expresa dejarnos una escuela renovadora, lacia y mixta, modelo de tolerancia y libertad.
Antonio Concha: un hombre forjado en el regeneracionismo institucional propuesto por la Institución Libre de Enseñanza y de su fundador Francisco Giner de los Ríos, un hombre hecho de espíritu de equidad y tolerancia, racional, libre, bien equilibrado… Un hombre nuevo

La Fundación Concha se pensó, pues y creció, como un centro para forjar hombres y mujeres nuevos, no sólo instruidos sino educados.
Su herencia, que hoy tenemos la suerte de disfrutar, en parte, pertenece al espíritu de aquellos hombres que como nuestro fundador tuvo una resistencia a los atrasos de la época que se tradujo en una actitud política de la que nunca abdicó y en una visión educativa de talante renovador que le llevó a perpetuar su preocupación socio-pedagógica en la que vivió, más allá de él mismo.

Don Urbano González Corisco, padre de Urbano González Serrano, nace en Navalmoral de la Mata el día 25 de mayo de 1826. Se traslada de joven a Cáceres para estudiar la carrera de escribano y en la capital trabaja en varias relatorías y escribanías de cámara. Regresa a su villa natal y en el año 1847 contrae matrimonio con Dorotea Serrano Moreno, también de Navalmoral. Durante la epidemia de cólera de 1855 fallece su esposa, dejándole cuatro hijos. Como premio a sus servicios durante la epidemia se concede a don Urbano la notaría de Navalmoral en cuyo servicio le sorprenderá la muerte bastantes años después. Militó en el partido moderado-conservador y fue asiduo lector de La Época.

El matrimonio formado por Urbano González y Dorotea Serrano tuvo cuatro hijos: Urbano, Francisco, Vicente y Ruperta. El primero estudió Filosofía y Letras y fue catedrático de Psicología, Lógica y Ética del Instituto San Isidro de Madrid. Francisco González Serrano estudió Farmacia ejerciendo su profesión en Navalmoral y Vicente González Serrano cursó Derecho siendo notario y alcalde de su villa natal, Navalmoral de la Mata.

Urbano González Serrano, el mayor de los hermanos, nace en Navalmoral de la Mata el día 25 de mayo de 1848, según consta en el Archivo Parroquial de la Iglesia de San Andrés Apóstol, donde fue bautizado. A los siete años pierde a su madre en la epidemia de cólera que asoló la región morala en 1855 y este suceso teñirá su espíritu de una honda melancolía que no le abandonará jamás.

En 1859 su padre le interna en un colegio de Talavera de la Reina para estudiar los dos primeros años del bachillerato. De allí pasa, en 1861, a Madrid para continuar sus estudios como interno en un centro que tenía su sede en la calle de la Colegiata. En esta época traba amistad con Nicolás Salmerón según dice Concepción Sáiz.

En el año 1864 ingresa en la Universidad Central para hacer las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, obteniendo los títulos de Bachiller en la primera y de Doctor en la segunda. Oigamos lo que al respecto nos dice su biografía: ” La Universidad madrileña le recibió en su seno en el curso de 1864. Allí estudió, simultáneamente, la carrera de Filosofía y Letras (elegida por él) y la de Derecho, designada por su padre.
Al terminar la segunda, se negó rotundamente a licenciarse (aún sabiendo que tal negativa disgustaba a su padre, a quien profesaba tierno afecto y hondo respeto), porque temía llegase un momento en que las ventajas económicas ofrecidas por un bufete le alejasen del cultivo de la Filosofía, alto ideal de su vida”.

Recién acabada la carrera, en 1869, sustituye a Salmerón en la cátedra de Metafísica de la Universidad Central, pues el político, durante el sexenio revolucionario, apenas si dispone de tiempo para dedicarse a la tarea docente. Con intervalos más o menos largos, González Serrano será Profesor Auxiliar de Metafísica hasta 1875. Pero es evidente que la enseñanza universitaria no le tentó jamás. A pesar de que amigos íntimos, en varias ocasiones, le aconsejaron opositar a alguna cátedra universitaria él, que ya había demostrado sobradamente su capacidad en este tipo de docencia, prefirió la tranquilidad de la enseñanza media para, sin ruidos pero con tenaz esfuerzo y dedicación, encerrado en el sosiego de una vida pacífica, “plantar – por decirlo con sus mismas palabras – un arbusto en el campo de la cultura patria”. En esto se diferenció de sus amigos más íntimos que profesaron cátedra universitaria como Leopoldo Alas, Manuel de la Revilla, Adolfo Posada y Sales y Ferré entre sus coetáneos; o Moreno Nieto, Gumersindo de Azcárate, Francisco Giner y Nicolás Salmerón entre los de la generación anterior.

En 1873 gana por oposición la Cátedra de Psicología, Lógica y Ética del Instituto San Isidro de Madrid en donde permanecerá como profesor hasta su muerte logrando desarrollar una ensentilde;anza modélica varias veces reconocida por el Claustro de Profesores.

Una vez consolidada su posición gracias a la cátedra, contrae matrimonio con la señorita Petra de la Cale Corisco dándose la curiosa circunstancia de que sus hermanos Francisco y Vicente habrían de casarse con las dos cuñadas de don Urbano: Ángela y Antonia de la Calle, respectivamente. El matrimonio formado por don Urbano y doña Petra tuvo cuatro hijos, de los cuales sobrevivieron dos: Pedro Urbano y Dorotea.

Gustaba González Serrano de las charlas de café y de las discusiones científicas en alguna librería mientras consumía, incansablemente, puros habanos, como él mismo reconoció en cierta ocasión: “Parroquiano asiduo del Universal y de la librería de Fe, es aficionado impenitente a los toros, donde siente y no razona, y quién sabe si explica su afición por la acción de lo Inconsciente”.

Falleció el 13 de enero de 1904, a los 55 años de edad, víctima de un padecimiento digestivo-intestinal que se le había venido agravando en los últimos años. El primer aviso de su gravedad le sorprendió mientras recorría los colegios electorales durante las elecciones de las Cortes de 1903: “Visitando uno de los colegios le acometió el primer ataque de la enfermedad que nueve meses después le llevó al sepulcro”.

El aviso definitivo llegó mientras trabajaba en la edición de las obras completas de Ramón de Campoamor: “El 12 de enero de 1904, a las dos de la tarde, González Serrano, que se dirigía a casa del Sr. Valdés, donde, en unión de él, de Vicente Colorado y de D. Mariano Ordóñez, preparaba la publicación del tomo noveno y último de las obras completas de Ramón de Campoamor, al llegar a la calle de Sevilla sintióse atacado de agudo dolor intestinal, y tomando un coche llegó a su casa, cubierto ya del frío sudo de la agonía”.

A las once y treinta y cinco de la noche del 13 de enero dejó de existir Urbano González Serrano. Su biógrafa y discípula, Concepción Sáiz, narró, con contenida emoción, los últimos instantes de su vida, así como su multitudinario entierro que tuvo lugar el día 14 de enero de 1904.

Las relaciones entre González Serrano y la Institución Libre de Enseñanza son una cuestión que merece cierto tratamiento, aunque sea muy brevemente, por el equívoco en que se han visto envueltas. Varios autores sitúan a González Serrano entre los profesores y colaboradores asiduos de la Institución, ya desde su fundación en 1876.

Suponemos que basarán su aserto en la amistad íntima de nuestro filósofo con Giner y con otros elementos destacados del krausismo que sí participaron muy activamente, en la Institución.

Pero nada más lejos de la realidad. Tras la lectura de los 60 volúmenes del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (desde el nº 1º, con fecha de 7 de marzo de 1877, hasta el nº 920, de 31 de diciembre de 1936), que constituyen la colección completa, no hemos visto por ningún lado el nombre de González Serrano como profesor de alguno de los numerosísimos cursos que allí se impartieron, ni tan siquiera como conferenciante.

Evidentemente tampoco aparece como miembro de ninguna de las Juntas Directivas que se sucedieron a lo largo de los años. Todo ello nos permite obtener una conclusión cierta: González Serrano no perteneció a la Institución Libre de Enseñanza en calidad de profesor. Lo cual no quiere decir que no fuera un entusiasta de la empresa pedagógica de Giner en aquella casa; es más, nos imaginamos a González Serrano frecuentando los locales de la Institución para conversar con sus muchos amigos o asistir a sus interesantes conferencias.

Las escasas veces que nos hemos topado con su nombre en el B.I.L.E. nos confirman en la idea de una relación puramente externa con la casa, o de apoyo material. González Serrano figura ya como socio accionista en las reuniones preparatorias para la creación de la Institución; cada acción era de 250 pesetas, y la suya tenía el nº 77 de las emitidas. Como socio participó en la primera Junta General de Accionistas que se celebró en la Academia de Jurisprudencia y Legislación el día 31 de mayo de 1876. En ella se aprobaron los Estatutos y se eligieron las Juntas Directiva y Facultativa.

De nuevo aparece González Serrano en el B.I.L.E. entre los primeros donantes de obras para la Biblioteca de la Institución en los meses de marzo y de mayo de 1877. Finalmente, en cuanto a colaboraciones en el Boletín…, sólo publicó en él dos breves artículos: “Una cuestión pedagógica” y “ La risa seria”.

A esto se reduce la exigua relación entre la Institución Libre de Enseñanza y González Serrano.

Entre sus obras más importantes se encuentran:

– Goethe: ensayos críticos, de 1892
– Manual de psicología, lógica y ética para el estudio elemental de esta asignatura, de 1883
– Preocupaciones sociales: ensayos de psicología popular, de 1882
– Cartas … ¿pedagógicas? (ensayos de psicología pedagógica), de 1895

Actividad política:

En política González Serrano guardó una inquebrantable fidelidad a la ideología republicana, separándose de las ideas moderadas de su padre, como dejó dicho su biógrafa: “La influencia de las doctrinas políticas de su padre, afiliado al partido conservador y lector asiduo de La Época, fue anulada por la acción del medio, y por la más directa e intensa del maestro querido y admirado: de Salmerón”.

En el credo republicano veía González Serrano la regeneración social y moral de los españoles. Compartía esta idea con Salmerón quien, en cierta ocasión, decía: “El partido republicano, y aquí hablo por mi cuenta y riesgo, no es meramente un partido político; el partido republicano no es sólo un partido doctrinario, órgano de las clases medias, que venga a discutir únicamente la forma de gobierno, la organización de los poderes del Estado y la gestión administrativa, sino que patrocina una tendencia social para servir a la emancipación del cuarto estado y preparar el libre organismo de la igualdad, que haya de afirmar para siempre el imperio de la justicia entre los hombres”.

El pensamiento político de González Serrano, ajustado a la línea del ideario republicano del Manifiesto del 1 de abril de 1880 (obra casi exclusiva de su maestro Nicolás Salmerón), queda bien patente en un artículo titulado “Nuestro Pensamiento” de la Revista Ilustrada, firmado por él como director de la publicación y suscrito por toda la redacción (en la que se encontraban, entre otros, Enrique Serrano Fatigati, Vicente Colorado, José Canalejas y Laureano Calderón) El simple cotejo de este texto me afirma en la creencia de que es obra exclusiva de González Serrano y que los redactores de la mencionada revista sólo añadieron la firma.

Otro tema al que González Serrano va a prestar una especial atención y apoyo durante este período es el que se refiere a la supresión de la esclavitud. Y si bien aquí no tenemos discursos en que apoyar nuestra afirmación, sí hay constancia en el Diario de las Sesiones de Cortes de al menos tres exposiciones presentadas a la Cámara por González Serrano pidiendo la abolición inmediata de la esclavitud. La primera es de 29 de noviembre de 1881, y está firmada por más de cien individuos de la ciudad de Fregenal pertenecientes a distintos partidos políticos. La segunda, con fecha de 28 de marzo de 1882, reúne ocho exposiciones de distintas localidades españolas entre las que se encuentran Madrid, León y Vigo. Y la tercera es de 30 de marzo del mismo año, conteniendo diferentes solicitudes de varias localidades pidiendo la desaparición de todo resto de esclavitud en territorio español.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s