Carnavales vividos

CARNAVALES VIVIDOS POR JOAQUÍN

Me pide mi buena amiga Angelines Sánchez que escriba unas letras sobre mis vivencias carnavaleras, pues ahí van.

De pequeño recuerdo que los Carnavales como tal, con tal denominación estaban prohibidos, pero si recuerdo que en Navalmoral les pusimos un sobrenombre para eludir la prohibición: Fiestas de Invierno, creo que mi hermano todavía guarda programas de esa época, yo no, soy un desastre en eso del coleccionismo.

En esos Carnavales de mi infancia y adolescencia, mis amigos y yo, nos dejábamos llevar del ambiente de fiesta y alegría, pero, la verdad, no éramos muy amigos de disfraces, no nos disfrazábamos casi nunca, si acaso alguna vez, de lo que solíamos decir de ‘jurramachos’ con ropas viejas, pelucas, gorros… en fin, para hacer ‘el indio’ por la calle, a cara descubierta claro está, que en el momento en que los guardias veían una careta… ya podías poner los pies en polvorosa y salir pitando para evitar un multazo.

Recuerdo perfectamente los desfiles de carrozas siempre tan bien preparadas, las charangas, recuerdo también con mucho cariño al grupo de majorettes, los chavalines las seguíamos de cerca porque era una delicia para la vista ver a unas chavalas tan guapas, con esos tipazos y enseñando unas bonitas piernas, recordad que en esa época eso del destape estaba todavía por venir.

En esa época no había caseta municipal, había baile en el Centro y en el Capri. Al Capri no podíamos pasar porque éramos menores, y además nunca teníamos un duro en el bolsillo así es que teníamos que ir de invitados al Centro con nuestros amigos los hermanos Gutiérrez, que ellos sí eran socios. Allí disfrutábamos de lo lindo.

Pues bien, a pesar de no disfrazarme yo por aquellas épocas, siempre estaba deseando que llegaran los carnavales, porque la verdad es que se pasaba genial y nos dejaban acostarnos mucho más tarde esos días de fiesta.

Nunca falté a la cita carnavalera en mis años universitarios, claro está, Cáceres estaba muy cerquita, sí falté a los que tuvieron lugar cuando me tocó servir a la Patria, fijaos que no se me olvida que mientras yo cumplía mi servicio militar ese año el ferial se instaló por la zona de la estación del tren.

Tengo en la memoria tantos recuerdos de esa época que es imposible mencionarlos aquí todos: la implantación de la ‘caseta municipal’, si mal no recuerdo en la época en la que Edu Carrasco era concejal de fiestas; el engrandecimiento de los desfiles de domingo y martes, las vaquillas de entonces, ahora ya no me gustan ya que sufro con el maltrato animal; la Peña Salvaje con sus impresionantes carrozas, la peña El Moral, el 20, La Bota, Kabuki, por Dios… la maravillosa Peña La Amapola con sus inolvidables parodias, la boda de Braulio, el bautizo de los mellizos, la llegada del tío rico de América, la visita papal, por cierto correctísima y respetuosa al máximo con Eloy Moreno “El Mosca” haciendo el papel de su santidad; recuerdo un año con unas ‘majorettes’ masculinas, los bailes en la caseta de La Amapola en lo que antes eran las cocheras de Ortiz, con Ángel Hidalgo “Quintana” vendiendo los tickets en taquilla… En fin, han sido unos momentos muy felices y unos recuerdos preciosos. En los desfiles siempre, Pepe Vizcaíno abriendo la comitiva con su cochecino, el señor Felix ‘Piparrota’ con su mascota (un macho cabrío), a Paco ‘Frasco’ con sus trajes ‘flowerpower’ llenos de macetinas pequeñinas por todo el cuerpo…

Pero en esto de los carnavales, para mi, hay un hito que me marca el antes y el después, ese hito es mi incorporación al maravilloso grupo humano que es la Asociación de Vecinos del barrio de El Cerro, mi incorporación a esa maravillosa asociación, que funcionaba en parte también como peña carnavalera, supone para mi empezar a vivir los carnavales de una manera diferente, mucho más activa y participativa, también reivindicativa en aquellos comienzos.

Recuerdo que la Asociación, que en la época de mi incorporación era dirigida por un trío de ases maravilloso, ahora mis amigos del alma, Félix Oliva en presidencia, José Luis Fernández en secretaría y mi primo Víctor Carrasco en tesorería, participaba en todos los eventos habidos y por haber relacionados con el Carnaval.

Participábamos en el concurso de murgas y chirigotas del viernes previo, en los grandes desfiles de domingo y martes e hicimos durante muchos años las tradicionales migas, primero el martes y más tarde los lunes de Carnaval, hasta que comenzamos a participar como parada de la comitiva del Entierro de la Sardina los miércoles de ceniza.

Eran días de estrés y trabajo, quedábamos en nuestra sede social, que por aquellos entonces rebosaba de juventud, ahora ya nuestros hijos crecieron y fueron abandonando el nido. La actividad era frenética: había que componer letras para las chirigotas, tarea que a Lola se le daba de maravilla, también la música, esto era más cosa de Pepe Mateos, ensayar una y otra vez, corregir errores, introducir cambios, porque si una cosa deben tener las chirigotas es actualidad y nosotros actualizábamos las letras si era necesario; mientras unos cantaban, otros, más bien otras, cosían disfraces para los desfiles, hacían pruebas, metían bastillas, hilvanaban… Otros picaban pan para las migas ¡a mano! Al señor David, que en paz descanse se le daba muy bien y nos enseñaba a picar migas al estilo tradicional con barreño y navaja; luego hubo que buscarse picadoras de pan en la ferretería porque algún año llegamos a dar más de 1200 raciones de migas, diréis que ya se vendía pan picado en las tahonas pero a nuestro miguero mayor Juan Antonio Díaz no le gustaba ese tipo de pan, decía que las migas no quedaban igual de ricas. Unos años después cambiamos las migas por las sardinas y ahora somos la segunda parada habitual del Entierro de la Sardina, hay que preparar sardinas, chorizos y pancetas con su correspondiente trozo de pan para muchísimas personas que pasan por el barrio siguiendo a la comitiva. Se trabaja mucho, se pasan muchas calorinas tan cerca del fuego, pero ¡y lo feliz que se encuentra uno rodeado de amigos y haciendo felices a tus paisanos! ¡Eso es como una mastercard… no tiene precio!

Murgas y chirigotas, migas, sardinas, desfiles, carrozas… Los carnavales siempre en el corazón, momentos inolvidables… el olor a sardinas asadas, los desmayos de Pura, el café de pucherino, el ‘miedo escénico’ antes de subir a cantar la chirigota, las ganas de… eso… de orinar antes de comenzar la actuación, que parecía que todos padecíamos de la próstata, la reivindicación permanente de la asociación, el famoso “Pastel de El Cerro” de 1991, “La Cruz de El Cerro” en 1992, inolvidable, cuando nos vestimos de penitentes para reclamar atención para el barrio, con aquella famosa frase: “Corominas, El Cerro está que trina”. También recuerdo nuestra comparsa de 1993, “Tambores lejanos” en la que todos los integrantes de la comparsa nos disfrazamos de casita andante, con su tejadito rojo, su ventana enrejada, su puertecita. Bonita fue también nuestra comparsa en 1994 con “Raíces moralas” todos con el traje típico moralo, las chicas de refajo y los chicos con el típico blusón. De 1995 recuerdo nuestra carroza “La cárcel” donde ya enchironamos a todos los políticos corruptos de aquellos entonces. En 1996 hicimos la de “Alí Babá y los cuarenta ladrones” para criticar la corrupción que ya había en España. En 1997 hicimos “La parodia nacional” ¡qué tupa de reír! Parodiábamos el programa entonces de moda en televisión. Las bailarinas éramos Segu ‘Socarrina’, mi cuñado Miguel y yo. Félix Oliva el presentador… ¡fue total!

Hemos seguido participando como asociación en las sardinas pero, como todo en esta vida exige renovación, hemos tenido que ir soltando lastre y pasando el testigo a gente más joven en chirigotas y desfiles. Nuestra peña era más de vivir el carnaval popular, el cachondeo, no nos importaba quedar los últimos, lo que queríamos era disfrutar de lo lindo y reírnos de nosotros mismos. Nuestro carnaval era baratito, de cuatro perras que se suele decir. Hoy en día las puestas en escena de las comparsas, la sonorización, los disfraces son de tal categoría que no están a nuestro alcance. A nosotros nos iba la convivencia, el estar juntos los amigos y echar unos vinitos mientras ensayas la chirigota, mientras picas pan para las migas o mientras estás haciendo la carroza o hilvanando los disfraces. Hoy en día hay tal competencia que incluso se viven situaciones desagradables como por ejemplo, pitar a la peña ganadora en el momento de recoger el premio, para mentalidades como la mía y la de mis amigos eso no es de educación, hay que saber ganar y hay que saber perder, lo bueno que tiene el Carnaval, es que incluso a la gente que más se cabrea porque no han ganado, ese enfado se le pasa y al año siguiente vuelven con ilusión y renovados bríos a preparar una carroza o una comparsa mejor todavía.

En fin, ya estamos contando los días, la cuenta atrás comienza. Cuando menos cuenta nos demos estamos otra vez disfrutando de nuestro estupendo carnaval, para mi, el mejor del mundo, porque para eso es el mío.

Habrá que salir a las cañas, bailar en la calle y en las casetas, quedar con los amigos, disfrazarse, ver los maravillosos desfiles, comer migas, comer sardinas y… olvidarse de los problemas unos días que no siempre va a ser trabajar. ¿O no?

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Un pensamiento en “Carnavales vividos

  1. Que cabeza tienes,la verdad es que yo lo recuerdo muy parecido,solo que yo no participaba tanto como tu,pero no pierdo las ganas de participar y pasarlo bien,en los prosimos

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