Sarró Sánchez, Zenón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Domingo Quijada González

Fue un polifacético moralo que tuvo un gran protagonismo en el primer cuarto del siglo XX, puesto que desempeñó diversas actividades industriales, sociales y políticas durante esa etapa de la historia morala: industrial (tuvo diversos y variados negocios: sastre, café-bar, venta de leche; el mayor expendedor de pólvora, dinamita, cartuchería y todo lo relacionado con la caza en la primera década de ese siglo), Depositario de Fondos Municipales (el que guardaba el dinero y los títulos del Ayuntamiento, prueba de que era una persona de fiar) en esas mismas fechas, tesorero de “La Redentora” (Sociedad de Socorros Mutuos), socio nº 16 del Centro Moralo, concejal en varias legislaturas (monárquico y conservador), alcalde de Navalmoral dos veces (1917 y 1920), presidente en los años veinte del “Sindicato Católico Agrícola” (hasta que se disuelve en 1931), fiscal del Juzgado de Navalmoral en los “felices años 20”, escribiente y seguidor de las teorías sociales y religiosas de Claudio López Bru (2º Marqués de Comillas).

Tal vez debido a esa común ideología y a la eficiencia de Zenón, dicho marqué lo envía a Méjico en 1901, junto a su administrador, el famoso abogado y también moralo Julián del Mazo Satrústegui. El motivo era eminentemente comercial: el mencionado noble poseía propiedades en aquel país (y en medio mundo) y, aprovechando el momento (pues el Presidente Porfirio Díaz apoya a los terratenientes), decide vender sus haciendas, ganados y negocios ante el peligro inminente de la Revolución de Madero, Pancho Villa y Emiliano Zapata. La aventura fue “de película”: travesía, desde La Coruña, en el famoso trasatlántico propiedad de Comillas “Monserrat”; con tempestad incluida, que estuvo a punto de hacer con ese histórico buque lo que no pudieron lograr los yanquis en la Guerra de Cuba (al que acosaron constantemente, pues surtía de soldados, armamento y correo físico y anímico a nuestras necesitadas fuerzas, a la par que repatriaba a heridos y enfermos, entre los que se encontraba mi abuelo Domingo González; pero el barco resistió de nuevo, algo que no hizo el Titanic once años después…). Y ya en la tierra de los aztecas, nuestros paisanos tuvieron que aguantar el acoso de los revolucionarios (“durmiendo abrazado al rifle”, según sus palabras); hasta que regresan al medio año, “para cumplir su palabra y deber profesional”.

Una gran rama de los “Sarró” actuales descienden de Zenón, como mi amigo Joaquín y familia…