¿Podemos ser más felices en el matrimonio?

La felicidad plena y total sólo en consigue en la otra vida. Pero casi siempre es posible aumentar nuestra felicidad matrimonial.

Terminada la “luna de miel” o más bien sólo iniciada… el amor mutuo puede hacerse cada día más dulce en intenso. No hace falta hacer nada extraordinario, sino prestar atención a cosas que ya sabemos, pero que por tenerlas un poco olvidadas, ya no tienen influencia… y “desempolvarlas”, enriquece el amor de pareja.

Por ejemplo ¿Cuánto tiempo hace que no dialoguemos? Antes de casarse era fácil sentarse y hablar. Se intercambiaban los sueños, las esperanzas, los proyectos, todo… Y ¡Por qué al cabo de un tiempo de casados muchos matrimonios dejan de tener ese diálogo que los hacía tan felices? Necesitáis dialogar, necesitáis escucharos, necesitáis consultaros y comprenderos. Mucho. Cuanto más mejor. Sois el uno para el otro el mejor confidente y consejero.

Y ¿Qué es dialogar? El diálogo será una conversación amorosa entre marido y mujer, con el único propósito de escucharse de verdad… (“Escucharse” es la palabra clave) pues de otro modo sería discutir; y no se trata de hacerse reproches, ni de resolver problemas, sino de hablar de corazón a corazón, de escucharse con afecto.

Además, las cosas van cambiando… y cada uno necesita sentirse tratado y amado según su situación actual, diferente de la de hace un tiempo. las personas que no dialogan, no tratan con la persona real que tienen delante, sino con una imagen anticuada que ya no responde a la realidad actual. Y esto es una fuente de incomprensiones, o de malas interpretaciones. Como sólo vemos los hechos desde fuera… fácilmente podemos atribuir al otro unas intenciones que no tiene… y sólo el diálogo sincero puede clarificar las cosas y evitar suspicacias que envenenan las relaciones de pareja.

Con la alegría cada vez nueva de estar juntos; los que se aman, siempre están cerca. Hay que reservarse un tiempo adecuado. Es necesario encontrarlo. Diariamente, semanalmente o mensualmente, según las necesidades de cada matrimonio: por la mañana, antes de comenzar la jornada; en la tarde, acabando el día, durante la comida o un paseo, haciendo un rato de oración… Puede ayudar escribir las propias reflexiones y sentimientos para después comentarlos con el otro. Las espinas del corazón sólo las pueden arrancar unas manos que amen… y si el diálogo es superficial, sólo se dicen vaguedades que cansan y aburren.

El amor no es algo que “se siente”… sino algo que se construye… Una sonrisa, una caricia, una llamada telefónica, un regalo sin motivo, una palabra de elogio, dar las gracias… preparan un clima de unión que reaviva el fuego del amor a pesar de las dificultades.

Digamos finalmente que muchas parejas no dialogan porque les falta un diálogo esencial que es necesario tener con el Señor.

Reconocer ante Dios que hemos pecado, que debemos pedir perdón, que hemos de cambiar de comportamiento… cuesta; y sólo junto al Señor encontraremos luz para reconocerlo y fuerza para llevarlo a término. Sobretodo si la oración se hace en pareja, nunca nos encontraremos divididos, porque en el corazón de Dios, fuente de amor verdadero, se funden también nuestros corazones.

 

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